Cuidar la información no es opcional, es obligación. México no puede permitirse que los sistemas de las instituciones sucumban a la fragilidad digital por descuido, falta de inversión o debilidad operativa.
Admitir que, cuando sucede un incidente, las entidades públicas no saben identificarlo ni contenerlo hasta que ya es visible, es reconocer una fragilidad estructural que compromete la seguridad institucional y la confianza ciudadana.
Sobre esto escribo en El Sol del Centro.