La titulación representa el cierre formal y académico de un proceso que implica años de esfuerzo, disciplina, pensamiento crítico e investigación. Eliminar este proceso atenta contra el proceso de formación.
En este caso la propuesta no sólo es preocupante, sino profundamente ofensiva para quienes creemos en la educación como motor de desarrollo y justicia social.
Sobre esto escribo hoy en Proceso.