En México hemos repetido muchas veces la frase “la corrupción mata”, pero cuando hablamos de salud, la afirmación se convierte en una realidad. No se trata de recursos desviados, estamos hablando de vidas humanas.
La reciente información difundida por la Secretaría Anticorrupción sobre el incumplimiento de empresas farmacéuticas en el suministro de medicamentos confirma lo que por años se ha señalado: detrás de cada acto de corrupción en esta materia puede haber un paciente que no recibe su tratamiento a tiempo, un hospital sin insumos o una familia que pierde a un ser querido. En salud no se juega, porque las consecuencias son irreversibles.
Sobre esto escribo hoy en El Sol del Centro.