En los próximos 17 procesos de entrega-recepción que se avecinan después del proceso electoral, los órganos de fiscalización tendrán la responsabilidad de entregar las llaves de una casa pública limpia.
Un auditor o contralor responsable debe decirle la verdad al gobernante y a la ciudadanía. La entrega-recepción no es el cierre de una administración; es también el inicio de una revisión. La ley alcanza.
Los contratos, las decisiones y los documentos dejan huella. Si todo está bien, ¿por qué ocultar los resultados?